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All Lives Matter, says Bishop Dietsche

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Letter send to the people of the Diocese of New York
December 22, 2014

My dear brothers and sisters, For several weeks, New Yorkers have been focused on the non-indictment of the police officer who took the life of Eric Garner. There has been participation by many members of our diocese in protests related to that jury decision. Last week, on the 16th, several hundred gathered for a worship service at Saint Philip’s Church in Harlem, where calls for justice were mingled with prayers for healing and a commitment to reconciliation of a divided community, and to building healthy, mutually respectful relationships among police, churches and communities.

Then this weekend we witnessed the very shocking, inexcusable, heart-breaking assassinations of two New York City police officers. The motives of their killer appear in these early hours to be complex, but are at least in part a reaction to the death of Eric Garner. What cannot be ignored is that the simmering polarization of our city, the breakdown of trust between police and citizens, the extremity of rhetoric on all sides, and the willingness of too many to hold all protesters and all police responsible for the excesses of a smaller number of each are breeding a cascading horror of tragedy upon tragedy. The killings of these two officers — public servants — who in their lives and work had pledged themselves to the safety and protection of the people of our city, is excruciating. To their families, fellow officers, and the broader community of police, particularly noting those officers who live and worship in our parishes, this bishop and diocese offer our own sorrow, and our sincerest and most heartfelt condolences.

We are Christians. At the very heart of this faith is the declaration of our dear Jesus that he came among us that all might be one, as he and the Father are one. Those things we do to reconcile difference, heal division, and build common life and community among all people — to repair the breach, to respect the dignity of every human being — are the things we do in the name of and service of Christ. Those things we do which demonize the other, which deny the humanity of others, which foster hatred, or which excuse or justify violence against anyone, are affronts not only to the claims of a common humanity, but to God.

We continue to insist on just, fair, respectful treatment of all people by the police, restraint and forbearance in the use of force, the honoring of people of every race, and fairness and justice in the courts. But this is by no means inconsistent with our respect and gratitude to the police who put themselves in danger for the sake of others. Black lives matter. Blue lives matter. All lives matter in the eyes of our creator and to all of us who profess to love God. In these Advent passage of hope and expectation, New Yorkers find ourselves living through a season in which we are buffeted between anger and grief. What do we do with these feelings? How may we channel them for good? In this week in which we observe the birth of the Prince of Peace, we commend to God the souls of our three fallen brothers — Eric Garner, Wenjian Liu and Rafael Ramos — all taken too soon, all of them much loved. For their sake, and in their name, may God make us brave and strong and faithful to continue our work to build a whole and healed human family. This is the work of Christians. It is what we are for.

The Rt. Rev. Andrew M.L. Dietsche

The Rt. Rev. Andrew M.L. Dietsche
Bishop of New York

Para Dios, TODAS las vidas son importantes

Un Mensaje del Rvdmo. Obispo Andrew M.L. Dietsche, Obispo de Nueva York

22 de Diciembre de 2014
 
Mis amados hermanos y hermanas,

Por varias semanas, los new yorkinos han tenido puesta su atención en la no-formulación de cargos contra el oficial de policía que le quitó la vida a Eric Garner.  Ha habido una participación por parte de  muchos  miembros de nuestra diócesis  en las protestas relacionadas con la decisión del jurado.  La semana pasada, el 16, centenares se reunieron para un servicio de adoración en la Iglesia San Felipe en Harlem, donde los llamados por justicia se mezclaban con las oraciones por restauración y por un compromiso con la reconciliación de una comunidad dividida, y por construir relaciones sanas y de respeto mutuo  entre la policía, la iglesia y la comunidad.
 
Luego, este fin de semana fuimos testigos de los chocantes, inexcusables y desgarradores asesinatos de dos oficiales de policía de la Ciudad de Nueva York.  Los motivos del asesino en estas tempranas horas parecen ser complejos, pero son en parte una reacción a la muerte de Eric Garner.  Lo que no se puede ignorar es que la latente polarización de nuestra ciudad, la ruptura de la confianza entre policías y ciudadanos, el extremo de la retórica en todas partes, y el deseo de muchos de sostener responsables a todos los manifestantes y a todos los policías de los excesos de un menor número de cada uno,  está creando una avalancha de horror, tragedia tras tragedia.  Los asesinatos, de estos dos oficiales – funcionarios públicos – quienes en sus vidas y en sus trabajos se habían comprometido con la seguridad y la protección de  las personas de nuestra ciudad, son algo atroz.  A sus familias, a sus compañeros oficiales, y a la comunidad de policías en general, particularmente reconociendo a aquellos oficiales que viven y que participan en el culto en nuestras parroquias, este obispo y esta diócesis les ofrece nuestro propio dolor y nuestras más sinceras y sentidas condolencias.  

Nosotros somos cristianos.  En el propio corazón de esta fe está la declaración de nuestro amado Jesús quien vino entre nosotros para que todos seamos uno, así como él y el Padre son uno. Esas cosas hacemos para reconciliar diferencias, sanar divisiones, y construir una vida común y una comunidad entre todas las personas – para reparar la transgresión, para respetar la dignidad de cada ser humano – son las cosas que hacemos en el nombre de  y en el servicio a  Cristo.  Esas cosas que hacemos que demonizan al otro, que niegan la humanidad de  los demás, que fomentan el odio, o que excusan o justifican la violencia contra quien sea, son ofensas no solo a las  afirmaciones de que se trata de una humanidad común, sino a Dios.  

Seguimos insistiendo en un trato justo, humano, respetuoso de todas las personas por parte de  la policía, tolerancia y restricción en el uso de la fuerza, honrar a las personas de cada raza, imparcialidad y justicia en las cortes.  Pero esto de ninguna manera es inconsistente con nuestra gratitud y respeto a los policías que se ponen en peligro por el bien de los demás.  Vidas Negras importan.  Vidas Azules importan.  Todas las vidas importan en los ojos de nuestro creador y  en todos aquellos que dicen amar a Dios.  En el trascurso del Adviento de la esperanza  y  la expectativa, los new yorkinos se encuentran viviendo una estación en la cual estamos sacudidos entre la ira y el dolor.  ¿Qué hacemos con estos sentimientos?  ¿Cómo podemos canalizarlos para el bien?  En esta semana en la cual observamos el nacimiento del Príncipe de la Paz, encomendamos a Dios las almas de nuestros tres hermanos caídos — Eric Garner, Wenjian Liu y Rafael Ramos – todos arrebatados demasiado pronto, todos ellos muy amados.  Por su bien, y en su nombre, que Dios nos haga valientes y fuertes y fieles para continuar nuestro trabajo para construir una familia humana íntegra y restaurada.  Este es el trabajo de los cristianos. Para eso estamos.  

  The Rt. Rev. Andrew M.L. Dietsche

El Rvdmo. Obispo Andrew M.L. Dietsche
Obispo de  Nueva York