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The Season of Listen Has Come - EDNY #metoo

Letter from Bishop Dietsche

September 12, 2018

 

September 11, 2018

Dear Sisters and Brothers,

Through the links to the right of this page you will find a document both in English and Spanish from the Diocese of New York’s Me Too Taskforce, describing a process of gathering the accounts and stories of sexual abuse or harassment experienced by people in our diocese.  In anticipation of our Convention in November we are planning a liturgy for Diocesan Convention which in many ways mirrors a process engaged by the larger Episcopal Church at the General Convention in Austin in July.  For those of us who were present at General Convention, the careful, well-planned presentation of personal stories, by both women and men, was a powerful learning of both the depth and breadth of the inappropriate exercise of power and the sexualizing of personal, working and pastoral relationships in the church.  All of these stories were protected by anonymity, but several days later a significant number of bishops told the larger group of their own experiences of being victimized by those in authority over them.  They were not anonymous, and we know them, and their stories were told in courage and personal risk and an astonishing openness.  It was moving and humbling to have unfolded before us the painful histories and memories which our colleagues and friends have had to carry, mostly in silence.

A similar experience took place at the Priests Conference this last spring, when one of the meditations offered by our retreat leader led to a number of our clergy rising to bear witness to the ways in which they have been harmed by the sexual power of others in authority over them.  Some described offenses committed against them many years ago, which they have had to carry all these years in a church which had not until now been willing to hear their account.  Among those stories came the painful and unvarnished remembrance of the long-time patterns of abuse committed by my predecessor Bishop Paul Moore against priests, seminarians and laypersons in our diocese, not excluding people who were in the room with us at that retreat.  It was observed that “there are those too powerful to be held to account,” and we were reminded that all of the sins of the world, and all of the ways in which everything and all people exist in systems marked by power differentials, and all of the ways in which people use other people to satisfy their own desires or ambitions, exist in the church as well.  

We were reminded that the very structures and processes and culture by which the church offers healthy, life-giving and life-saving pastoral care and guidance to the people of God also create vulnerabilities which facilitate the predations of sexual abusers.  And when the abuse of people comes from their pastors or spiritual leaders it necessarily creates enormous confusions for the abused.  This was the experience of many at the Priests Conference, where it was shattering, or difficult to comprehend, that Paul Moore, a figure of extraordinary inspiration for so many of us, also bears the epithet “Serial Predator.”  Paul Moore died fifteen years ago, but for those who continue to live with the pain of his long-ago abuse, the invitation is here extended to come forward, anonymously or not, quietly or not, to give your account.  You will be helped.  

That same invitation is extended to anyone in this diocese who lives with the same pain of sexual abuse or harassment to make it known.  The attachment from the Me Too Committee gives some information as to how such reports may be made.  You may also come to me, directly or through the Canon for Pastoral Care.  The season of listening has come.  The time when long suppressed voices may speak and be heard has come.  And I am grateful to those people, mostly women, but men too — who have broken the silence in our culture.  And I am grateful to those who have created the processes here described for bringing into our diocese and our convention the safe place of telling.  

May God bring peace to the abused.  And may the church bring justice.  And may we find in the sharing of stories and the light cast into darkness a renewed commitment in ourselves to create and nurture communities where no one must live in silent pain, and where by the grace of God and the courage of the baptized, the cultures in our church of unjust power and sexual coercion may be overcome.  With every good wish, I remain

Yours,

Amados Hermanos y Hermanas,

En los enlaces a la derecha encontrarán un documento en inglés y en español del Grupo de Trabajo Yo También – Me Too Taskforce de la Diócesis de Nueva York, que describe un proceso de recopilación de los reportes e historias de abuso sexual o acoso experimentado por personas en nuestra diócesis. Anticipándonos a nuestra Convención en noviembre, estamos planeando una liturgia para la Convención Diocesana que de muchas maneras refleja un proceso contraído por la Iglesia Episcopal en pleno en la Convención General en Austin, Tejas en julio. Para aquellos de nosotros que estuvimos presentes en la Convención General, la presentación cuidadosa y bien planificada de historias personales, tanto de mujeres como de hombres, fue un poderoso aprendizaje de la profundidad y la envergadura del ejercicio inapropiado del poder y la sexualización en las relaciones personales, laborales y pastorales en la iglesia. Todas estas historias fueron protegidas por el anonimato, pero varios días después un número significativo de obispos le contó a un grupo más grande sobre sus propias experiencias de haber sido víctimas de aquellos que tenían autoridad sobre ellos. No eran anónimos, y nosotros los conocemos, y sus historias fueron contadas con valentía y a riesgo personal y con una apertura asombrosa. Fue estremecedor y conmovedor haber expuesto ante nosotros las dolorosas historias y memorias que nuestros colegas y amigos han tenido que soportar, sobre todo en silencio.

Una experiencia similar tuvo lugar en la Conferencia de Sacerdotes en la primavera pasada, cuando una de las meditaciones ofrecidas por nuestro líder de retiro llevó a varios de nuestros clérigos a levantarse para dar testimonio de las formas en que han sido perjudicados por el poder sexual de otros en autoridad sobre ellos. Algunos contaron ofensas cometidas contra ellos hace muchos años, que tuvieron que llevar todos estos años en una iglesia que hasta ahora no había estado dispuesta a escuchar su versión. Entre esas historias vino el recuerdo doloroso y sin adornos de los patrones de abuso de larga data cometidos por mi predecesor, el obispo Paul Moore, contra sacerdotes, seminaristas y laicos en nuestra diócesis, sin excluir a las personas que estaban en la sala con nosotros en ese retiro. Se observó que "hay personas demasiado poderosas para rendir cuentas", y se nos recordó que todos los pecados del mundo y todas las formas en que todo y todas las personas existen en sistemas marcados por diferenciales de poder, y todas las formas en que las personas usan a otras para satisfacer sus propios deseos o ambiciones, también existen en la iglesia.

Se nos recordó que las mismas estructuras, procesos y culturas mediante los cuales la iglesia ofrece atención pastoral y guías sanas, vivificantes y salvadoras para el pueblo de Dios también crean vulnerabilidades que facilitan la depredación de los abusadores sexuales. Y cuando el abuso de personas proviene de sus pastores o líderes espirituales necesariamente crea enormes confusiones para los abusados. Esta fue la experiencia de muchos en la Conferencia de Sacerdotes, donde fue demoledor, o difícil de comprender, que Paul Moore, una figura de extraordinaria inspiración para muchos de nosotros, también tenga el epíteto de "Depredador en Serie". Paul Moore murió hace quince años, pero para aquellos que siguen viviendo con el dolor del abuso desde hace tanto tiempo, aquí se extiende la invitación para presentar, de forma anónima o no, en silencio o no, para reportar tu caso. Recibirás ayuda.

Se extiende esta misma invitación a cualquier persona en esta diócesis que viva con el mismo dolor del abuso sexual o acoso para que lo dé a conocer. Los archivos adjuntos del Comité Yo También - Me Too Committee proveen información sobre cómo se pueden hacer dichos informes. También pueden acudir a mí, directamente o a través de la Canóniga para Cuidado Pastoral. Ha llegado el momento de escuchar. Ha llegado el momento en que las voces suprimidas pueden hablar y ser escuchadas. Y estoy agradecido con esas personas, en su mayoría mujeres, pero también hombres, que han roto el silencio en nuestra cultura. Y estoy agradecido con aquellos que han creado los procesos aquí descritos para traer a nuestra diócesis y a nuestra convención el lugar seguro para reportar las historias.

Que Dios traiga paz a los maltratados. Y que la iglesia traiga justicia. Y en el intercambio de las historias y la luz arrojada en la oscuridad, podamos encontrar un compromiso renovado en nosotros mismos para crear y nutrir comunidades donde nadie debe vivir un dolor en silencio, y donde por la gracia de Dios y la valentía de los bautizados, las culturas de poder injusto y coacción sexual puedan ser vencidos en nuestra iglesia.

Deseándoles lo mejor, quedo de ustedes Suyo,

The Rt. Rev. Andrew M.L. Dietsche

The Right Reverend Andrew ML Dietsche
Bishop of New York

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Carta del Obispo sobre EDNY #metoo

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PDF of Bishop Dietsche's EDNY Metoo Letter

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EDNY #metoo Sept 2018 Letter (Spanish)

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EDNY #metoo Sept 2018 Letter (English)

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